Preparó los sandwiches y prendió la tele. Escogió una película bonita, de esas que entretienen sin demasiado fondo ni filosofía, para que entendieran fácil. Les llevó la pashama, besó sus cabezas y se sentó a escribir. "Emancipación", pensaba, mientras sus furiosos dedos golpeaban el teclado de su vieja máquina y la hoja, como neonato, emergía a poquitos por el par de cilindros. De vez en cuando se trababa una tecla o se le resbalaba la mano; como buen parto, venía con su justa dosis de dolor.
"Emancipación", pensaba. "Emancipación", rezaba. "Emancipación", soñaba.
Media página más tarde, rendida y agobiada, cayó dormida.
lunes, 7 de febrero de 2011
martes, 18 de enero de 2011
En el principio
En el principio fue la palabra y yo fui con ella. Pero antes que la palabra fue el concepto, y antes que éste la relación. Así que soy relación, luego concepto y luego palabra. Y si la relación es el eje de la matemática, entonces, inevitablemente, soy matemática.
No creo necesitar mucho. Fluye de mí y hacia mí. Más bien, fluyen ambas: palabra y matemática. Colisionan y pelean, se encuentran y son cómplices. A veces me enloquecen, pero sólo a veces. El resto del tiempo disfruto viéndolas jugar a competir por el espacio principal en mi cabeza.
Así que de ésto estoy hecha. Números y letras.
Aunque, también a veces, siento que hay algo más por allí enterrado entre tanto símbolo y tanto abstracto. De pronto, cuando hago silencio y mi cerebro también decide callarse, encuentro un corazón adolorido y sobresforzado. Entonces descubro que, además de números y letras, soy amor. Descubro que también amo.
No creo necesitar mucho. Fluye de mí y hacia mí. Más bien, fluyen ambas: palabra y matemática. Colisionan y pelean, se encuentran y son cómplices. A veces me enloquecen, pero sólo a veces. El resto del tiempo disfruto viéndolas jugar a competir por el espacio principal en mi cabeza.
Así que de ésto estoy hecha. Números y letras.
Aunque, también a veces, siento que hay algo más por allí enterrado entre tanto símbolo y tanto abstracto. De pronto, cuando hago silencio y mi cerebro también decide callarse, encuentro un corazón adolorido y sobresforzado. Entonces descubro que, además de números y letras, soy amor. Descubro que también amo.
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