En el principio fue la palabra y yo fui con ella. Pero antes que la palabra fue el concepto, y antes que éste la relación. Así que soy relación, luego concepto y luego palabra. Y si la relación es el eje de la matemática, entonces, inevitablemente, soy matemática.
No creo necesitar mucho. Fluye de mí y hacia mí. Más bien, fluyen ambas: palabra y matemática. Colisionan y pelean, se encuentran y son cómplices. A veces me enloquecen, pero sólo a veces. El resto del tiempo disfruto viéndolas jugar a competir por el espacio principal en mi cabeza.
Así que de ésto estoy hecha. Números y letras.
Aunque, también a veces, siento que hay algo más por allí enterrado entre tanto símbolo y tanto abstracto. De pronto, cuando hago silencio y mi cerebro también decide callarse, encuentro un corazón adolorido y sobresforzado. Entonces descubro que, además de números y letras, soy amor. Descubro que también amo.
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